La virtualización de equipos informáticos, sobre todo de servidores, se está implantando a pasos agigantados entre las empresas, debido a que supone un ahorro en los costes de inversiones y mantenimiento de los equipos de hardware.
Así mismo, supone una garantía en caso de desastre ya que, levantar de nuevo un servidor virtual es mucho más sencillo que un servidor real, ya que no dependemos de ningún hardware específico y podemos arrancar la máquina virtual desde cualquier otro servidor del que dispongamos y solucionar temporalmente el fallo.
Las instalaciones habitualmente constan de dos NAS redundantes, donde se almacena por duplicado la información de los servidores virtuales que tengamos y un ordenador conectado a ambos NAS en el que se ejecutan los servidores virtuales.
En caso de fallo de hardware del servidor de ejecución, conectando cualquier máquina a los NAS, automáticamente se podría levantar el servidor o servidores virtuales con unos tiempos de respuesta impresionantes.
En caso de fallo de uno de los NAS, el sistema quedaría funcionando con el otro perfectamente, hasta que se repare el estropeado y ambos se vuelvan a sincronizar.
Es un sistema sencillo y muy cómodo en aplicaciones críticas ya que, con una inversión realmente baja, tendremos una disponibilidad muy alta con una merma de rendimiento respecto a un servidor tradicional que actualmente apenas es apreciable.

